miércoles, 27 de marzo de 2013

LA NADA DE GREY


LA NADA DE GREY
Las sombras de Grey son como la Nada en “La historia interminable” de Michael Ende.
Entiendo que esto de la nada es un símil complicado porque difícilmente la podemos imaginar. La realidad más próxima a la nada es una hoja de la cartilla del Banco a día 5… ¿Se han fijado en qué estado queda una persona cuando el automático se la devuelve? Paraplejia transitoria, cerviz sometida, protrusión ocular…; luego, con lentitud y sin levantar cabeza, pasos desorientados, hasta  tropezar con un expositor que  devuelve al individuo a la realidad.
Ciertamente, el concepto de la nada es esquivo, porque la generalidad solemos tropezar mucho: en el Super, con los carros; en las aceras, adelantando a viandantes; con el cónyuge jubilado en el pasillo de casa; con las puertas de los aseos públicos… ¡Ah, esto! En la medida de lo posible, hay que evitarlo, aunque para ello sea necesario subirse a la taza del váter, abrir la puerta y dar un salto al exterior del cubículo. Entrar, entras; pero salir…, siempre te quedas atascado por algún lado, so pena de hacer limpieza general.
Bien. Pues aquello, la nada y el tropezón con la realidad, es lo que están sufriendo en sus letras vivas  los best domésticos: “Las sombras” copando la cabecera del ranking de ventas –ocho meses ya- y aquellos, como en una cucaña,  arriba y abajo, pisándose, unos a otros, los lomos editados. Hay quienes ya desistieron de llevarse el jamón. En honor a la verdad, esta última semana, Javier Sierra, en términos hípicos, ha sacado un cuerpo y se ha situado en cabeza, e Ildefonso Falcones, una cabeza.  A ver.
Por encima de cómo va lo de los ERES, qué ha dicho Bárcenas, por dónde nos va a tocar lo de Chipre o qué te parece el Papa Francisco, la pregunta estrella es: “¿Has leído “Las sombras”…? ¡Ah, ah…!  No digas  que de esa  agua no beberás, porque hay quienes han levitado con “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar”,  lloriqueado con  “Divina Elisa, pues agora el cielo con inmortales pies pisas …” y ahora babean con “Las sombras”.
Hace un par de sábado escuché “La estación azul” de RNE, que estuvo dedicado a “Las sombras”. Una pura tesis doctoral. Si no se para la lavadora y me voy a tender la ropa, igual me convence. Me quedé con la duda.
Al programa llevaron a una representante de  Grijalbo, doctoranda en sombras, que con voz de cuerda “con sordini”, fue orillando las excelencias de la obra: “Las sombras” es una lectura femenina; es un cuento de hadas y, conclusión final, una demostración de que las mujeres son más listas que los hombres. (Nota del autor: ahórrese la inflamación de la yugular; no merece la pena). A esto hay que añadir un discurso entrecortado  por sobrealientos y suspiritos, cosa  que no me quedó claro a qué se debía, si a que la doctoranda tenía retortijones intestinales por el marrón que le había endosado el jefe, o a que la hora del programa se le había echado encima y la había sacado de debajo de alguna sombra. La cuestión es que me incliné por compadecerla y  me solidaricé y la escuché.
Sobre los dos argumentos primeros, mejor los obviamos para evitar el ardor de estómago. Sobre el tercero, ese sí que tenía estopa para meterle fuego a la trilogía: la tal Anastasia, la muy cuca,  demuestra que soltarse los refajos y prestarse a los Juegos Reunidos BDSM son medios justificados para cualquier mujer que quiera tener rendido a sus pies al hombre de sus sueños; para ella, Christian Grey, que, finalmente, resulta ser, a lo bestia, un varón domado más.
¡Señor! ¡Con lo que costó poner a dieta a la Venus de Willendorf!
Todo esto, y algo más que me perdí en el tendedero, durante una hora de programa. Barrunto que, en cuanto se encendió la luz verde del estudio, la doctoranda en sombras salió fletada para el WC.
Ante tan portentosa novela de tesis –I, II, III- y carismáticos personajes, el tal Max Costa planchándose la raya del pantalón, mirándole la nuca y palpándole los satenes a la hierática Mecha Inzunza, por una parte,  y, por otra,  la tal Blanca Perea –mal, tanta vocal clara licúa al personaje- aguantándose la mala baba entre legajos y, sin embargo, tan “in thoughts of you”,  no son nadie. Las portadas de las novelas tampoco han ayudado mucho a despejar sombras. No sé si para  Pérez-Reverte la estampa de Grace Kelly con neceser vintage y Rollie es la sublimación de una fantasía infantil y estaba en deuda. Pero lo de María Dueñas ya es fijación: las dos portadas de sus novelas son lo más mojigato de Jack Vettriano. La primera con el gorrito; vale, ¡como era modista! Pero la segunda… Yo pensaba que en California se sudaba un poco la camiseta, pero no; ella tan fina. ¡Y mira que Vettriano tiene para elegir cositas más hot…!
En fin; a lo hecho pecho. Ahora toca espabilarse, que la crisis todavía no se acaba y, ya que la gente no come, que se ría. ¡Me apuesto una dieta a que la muy arpía de E. L. James está escribiendo ya “Las sombras de Anastasia”! ¡Al tiempo!