domingo, 11 de mayo de 2014

¿TÚ TRABAJAS?





¿TÚ TRABAJAS?

Cuando a una mujer se le hace la pregunta ¿Trabajas?, sobreviene a la conversación el tópico discursivo en que se contextualiza la pregunta, mujer y trabajo, las circunstancias pertinentes al tópico, los contenidos mentales de los hablantes y los que cada uno de ellos presupone que tienen los demás sobre el asunto.
Probablemente, a estas alturas y en la generalidad de las situaciones,  la pregunta no tiene ninguna intención maliciosa, pero es inevitable que factores históricos, sociales y económicos influyan sobre ella, la carguen de una supuesta reticencia por parte de hablante y, consecuentemente, sea  percibida con cierto matiz discriminatorio por parte de la persona interpelada.
Creo que los malos entendidos radican en que es una pregunta mal planteada. La pregunta ¿Trabajas? solo tiene dos respuestas que son excluyentes, y no, y, por otra parte,  el verbo trabajar, una presuposición pragmática, la de actividad remunerada.
Aun partiendo de que la intención de la pregunta sea simplemente saber si se realiza un trabajo remunerado al margen de la actividad doméstica, formularla de modo tan escueto, sin más elementos lingüísticos, la convierte en una pregunta capciosa porque arranca de  la mujer una respuesta  falsa y comprometida en cualquiera de los casos, sea aquella  afirmativa o negativa. Si responde , la mujer está reconociendo como trabajo solo aquel que se realiza al margen del doméstico y además remunerado; si responde no, da a entender que no considera la actividad doméstica un trabajo y,  por tanto, manifiesta tácitamente su renuncia a remuneración y a  prestaciones sociales derivadas.
Ahí, está la cuestión del conflicto. Cuando se confunde el derecho de la mujer a optar por qué clase de trabajo quiere hacer -trabajar en casa o fuera de casa y doblar jornada, que es lo más frecuente- con  la idea obsoleta y machista de trabajar (fuera de casa) o no trabajar (en casa).
Definitivamente, la pregunta ¿Trabajas?, formulada exactamente en estos términos, es una pregunta inadecuada y capciosa y, además, discriminatoria. Porque, ¿se le pregunta alguna vez a un hombre Trabajas?  ¡Vaya obviedad! La pregunta a un hombre es ¿Y tú en qué trabajas? Presunción machista de que el hombre siempre trabaja.
Toda esta disquisición – estoy de acuerdo con usted: ya tiene tufillo a pasado-  retoma un tema que hace mucho que no consideraba; a lo mejor estaba equivocada al pensar que era asunto superado. Pero no. Digo, que esta disquisición viene al hilo de un cartelito que cuelga de algún muro y es el que utilizo para ilustrar mi entrada. El dibujo es gracioso y colorido y el mensaje es un recordatorio que no viene mal. Lo que me ha llamado la atención es lo que ha dado de sí en comentarios. Así que me he animado y he retomado viejas reivindicaciones. Expuestas estas, concluyo en que, con un poco de cuidado en el lenguaje, podrían evitarse susceptibilidades o, quién sabe, evitar poner el dedo en la llaga, porque yo sé, y usted también, que todo en el campo laboral de la mujer no está conseguido.


sábado, 10 de mayo de 2014

TIENE USTED CARTA








TIENE USTED CARTA

Hace mucho tiempo que ya no se escribe. Quiero decir que no se escriben cartas al modo de hace años, con sobre, dirección y sello y, por detrás, remitente. Y por supuesto, dentro, la carta, propiamente. Sobre ello me gustaría entretenerme un día pero lo que hoy me ocupa es un aspecto concreto de aquella vieja y artística actividad. Sí; porque escribir cartas es un arte.
 Lo concreto a que me refiero es que enviabas una carta y si habías errado el nº de calle, tu amigo se había cambiado de casa y ya no existía allí... o cualquier otra contingencia, se te devolvía el sobre con alguna indicación de Correos, así tú tenías conocimiento de que el mensaje no había llegado a su destino y de que  no quedaba en manos de nadie...
Ahora, con el ineludible e inexcusable uso de las TIC, el mínimo error del emisor condena el mensaje a la nada del espacio cibernético, al  desesperanzador agujero negro del eliminar, al errático correo no deseado. Porque el nadie virtual nunca va a devolver el mensaje;  no va a tener la deferencia de  notificar el error del To, ni va a considerar que tal vez  el Subject sea importante y determinante para el ingenuo From, que, como en el hijo bienamado, ha puesto todas sus esperanzas en  las nuevas tecnologías...
Retraso en la ejecución de un proyecto, trasiego de neoneuroWhatsApp –ese otro imprescindible en la sociedad de la información, ese que hace inoportuna e impertinentemente  “clang” cuando te estás clisando- reenvíos, comprobaciones… ¡Brrr! ¡Cinco días buscando el missing link cibernauta! ¿Y cuál era? ¡Pfff: un 4! Ahí estaba el error de transmisión: ******xx@ y ******xx4@.
Y he pensado: Esto no hubiera ocurrido con Joseíco el cartero, que  e.p.d., en la Gloria esté, Dios lo haya perdonado… Él hubiera estado al cabo de tus expectativas, de tu interés y de la importancia de la notificación que esperabas. Él te hubiera tranquilizado, si no llega el mensaje en el Correo de la noche, seguramente vendrá en el de la seis de la mañana. Él se tomaba interés por las noticias familiares. Llegaba con su carterón al hombro y, nada de buzones; entraba en la casa, buenos días, señorita;  revolvía su bolsón, carta de los nenes… la semana pasada, Antoñito felicitó a su primo; hay que ver, qué letra tiene.., Antoñito, digo… Otros sobres lucían con brillantes sellos, tiene usted carta de Australia, ¿qué cuenta su hermano? ¿Me dijo Ramón que su hermano de usted estaba casado con una mujer de allí..? Y así era que Joseíco, no solo cumplía su función de dar destino a los mensajes sino que se interesaba y participaba de las buenas y malas nuevas que los vecinos recibían.
Pero no siempre fue bien entendida su vocación participativa. Ocurrió una vez que Marisa estuvo temporalmente en la gran capital.  Era costumbre entonces, por la infrecuencia de un viaje tan distante y para hacer partícipes a los amigos de los extraordinarios que gozabas, enviar postales de los lugares emblemáticos que visitabas. Así fue que Marisa envió una vistosa postal a Pedro, con apretado parloteo que resumía lo esencial de su estancia y terminó su redacción con ¡y recuerdos al negociero de Joseíco, que lo estará leyendo!
¡Ay, Dios! Joseíco, incomprendido y  perjudicado moralmente por la deslenguada jovenzuela, se dirigió a casa de Marisa y allí expuso a la madre las quejas y motivos que tenía sobre comportamiento de su hija.  Doña Marga, ante tan cándida alma, no pudo más que disimular la risa y, esforzándose por recomponer el gesto, procuró con comprensivas palabras reparar el agravio infligido al cartero. Prometió a Joseíco que reconvendría seriamente a su hija y  le aseguró  que tal comportamiento no se iba a repetir.
Después de aquello, todo siguió igual. La anécdota corrió pero nada alteró la relación condescendiente de las gentes y su cartero.

  

miércoles, 7 de mayo de 2014

La subida al monte






LA SUBIDA AL MONTE


La Virgen de la Fuensanta ha regresado al Santuario. La Morenica ha vuelto a su casa del monte después de su hospedaje cuaresmal en la casa grande de los murcianos, la Catedral.
Urgida por la cita de los murcianos  con su Virgen, la mañana se ha levantado temprano y, en silencio, se ha vestido con un cielo prístino, entreverado de luz pavonada y rosicler.
Al toque de la misa primera, gentes devotas han ido acercando sus pasos hasta la Catedral y allí han hecho sus últimos ruegos a la Señora. Los más rezagados, han permanecido en la plaza esperando ver abrirse la puerta del Perdón y aparecer por ella a la Fuensanta sobre su trono de plata.
Cuando la Virgen sale, un sol blondo ha comenzado a lamer la fachada de Palacio y el cielo ya es un brillo de vaporosa transparencia. El volteo de campanas, levanta bandadas de despavoridos pájaros –aviones, vencejos, golondrinas- y palomas, que surcan el espacio con alocado e imparable vuelo, describiendo giros y piruetas imposibles, cuyas estelas se entrecruzan como serpentinas desprendidas del  celaje matinal.
Mientras la multitud se agolpa a su alrededor para estar más cerca de su Patrona, el trono ha ido avanzando y ya se aproxima al Puente Viejo.  Allí en lo alto, la Señora se detiene para despedirse del viejo río, conmovida ante las aguas cansadas que en otro tiempo colmaron las espejeantes y sonoras albercas de Al-Bostán.
Viene desde lo lejos un  vientecillo presado que se derrama sobre el Barrio y ondula el manto de la Morenica. Ahora el cortejo retoma la carrera y marcha con paso presuroso hacia el monte. Desde la boca del puente, desde la hornacina de la Virgen de los Peligros, muchos se despiden ya de la Patrona, a la que  ven alejarse, cada vez más pequeña, hacia su mirador de la Vega. A lo largo de su subida, otros la saludarán con alborozo, inundándola de pétalos y piropos, y  la alhábega, el tomillo y los pinos cimbreantes, como un humilde incensario, la perfumarán a su paso.



Aún puedo recordar que, siendo adolescente y estando interna en el colegio, esa mañana se nos permitía salir a la misa de la Catedral y acompañar a la Virgen hasta el Puente Viejo. Luego, el grupo que éramos, acompañadas por alguna monja, volvíamos alborotadas y bulliciosas al colegio y retomábamos la rutina del día. 

sábado, 3 de mayo de 2014

EL BAÑO DE LA CRUZ






EL BAÑO 
DE LA CRUZ





Hoy se celebra en Blanca el Baño de la Cruz. Es una celebración ancestral en la que se pide al Santo Patrón San Roque que la cosecha de fruta que comienza sea buena y dé beneficios a los blanqueños.
La celebración consiste en llevar en procesión una Cruz, hecha de flores y frutos de la huerta, desde la Iglesia hasta la orilla del río, por el baño de las Excanales; justo debajo del enorme peñasco oscuro sobre el que se asienta el Castillo; junto al legendario pasadizo por el que los habitantes de aquel, dicen que hasta en caballo, bajaban al río a abastecerse de agua; sobre donde apenas emerge la mortal Piedra del Barco.
Comienza la Procesión con una oración en la Plaza de la Iglesia y desde allí  parte, con el cura Párroco y la Cruz al frente,  seguida de la comitiva de huertanos. Una vez en la orilla del río, se bailan Jotas y Alegrías. Se vuelve a rezar y, finalmente, el Párroco lanza la florida Cruz a las aguas del río Segura, como ofrenda y rogativa al Santo.
Durante muchos años, esta celebración estuvo suspendida y, si bien la razón nunca estuvo clara, el anecdotario del pueblo cuenta que el motivo estuvo en que se aprovechó el momento para tirar al cura de la época al río. Si fue traspiés o empujón, la cuestión fue que el bendito estuvo durante una larga temporada debatiéndose con una terrible pulmonía y, desde entonces, para evitar la tentación, se suprimió la ocasión.

Pero, gracias a la iniciativa de la Peña local La Capaza, la fiesta se ha exorcizado y desde hace  unos pocos años Blanca vuelve a celebrar el Baño de la Cruz.