sábado, 10 de mayo de 2014

TIENE USTED CARTA








TIENE USTED CARTA

Hace mucho tiempo que ya no se escribe. Quiero decir que no se escriben cartas al modo de hace años, con sobre, dirección y sello y, por detrás, remitente. Y por supuesto, dentro, la carta, propiamente. Sobre ello me gustaría entretenerme un día pero lo que hoy me ocupa es un aspecto concreto de aquella vieja y artística actividad. Sí; porque escribir cartas es un arte.
 Lo concreto a que me refiero es que enviabas una carta y si habías errado el nº de calle, tu amigo se había cambiado de casa y ya no existía allí... o cualquier otra contingencia, se te devolvía el sobre con alguna indicación de Correos, así tú tenías conocimiento de que el mensaje no había llegado a su destino y de que  no quedaba en manos de nadie...
Ahora, con el ineludible e inexcusable uso de las TIC, el mínimo error del emisor condena el mensaje a la nada del espacio cibernético, al  desesperanzador agujero negro del eliminar, al errático correo no deseado. Porque el nadie virtual nunca va a devolver el mensaje;  no va a tener la deferencia de  notificar el error del To, ni va a considerar que tal vez  el Subject sea importante y determinante para el ingenuo From, que, como en el hijo bienamado, ha puesto todas sus esperanzas en  las nuevas tecnologías...
Retraso en la ejecución de un proyecto, trasiego de neoneuroWhatsApp –ese otro imprescindible en la sociedad de la información, ese que hace inoportuna e impertinentemente  “clang” cuando te estás clisando- reenvíos, comprobaciones… ¡Brrr! ¡Cinco días buscando el missing link cibernauta! ¿Y cuál era? ¡Pfff: un 4! Ahí estaba el error de transmisión: ******xx@ y ******xx4@.
Y he pensado: Esto no hubiera ocurrido con Joseíco el cartero, que  e.p.d., en la Gloria esté, Dios lo haya perdonado… Él hubiera estado al cabo de tus expectativas, de tu interés y de la importancia de la notificación que esperabas. Él te hubiera tranquilizado, si no llega el mensaje en el Correo de la noche, seguramente vendrá en el de la seis de la mañana. Él se tomaba interés por las noticias familiares. Llegaba con su carterón al hombro y, nada de buzones; entraba en la casa, buenos días, señorita;  revolvía su bolsón, carta de los nenes… la semana pasada, Antoñito felicitó a su primo; hay que ver, qué letra tiene.., Antoñito, digo… Otros sobres lucían con brillantes sellos, tiene usted carta de Australia, ¿qué cuenta su hermano? ¿Me dijo Ramón que su hermano de usted estaba casado con una mujer de allí..? Y así era que Joseíco, no solo cumplía su función de dar destino a los mensajes sino que se interesaba y participaba de las buenas y malas nuevas que los vecinos recibían.
Pero no siempre fue bien entendida su vocación participativa. Ocurrió una vez que Marisa estuvo temporalmente en la gran capital.  Era costumbre entonces, por la infrecuencia de un viaje tan distante y para hacer partícipes a los amigos de los extraordinarios que gozabas, enviar postales de los lugares emblemáticos que visitabas. Así fue que Marisa envió una vistosa postal a Pedro, con apretado parloteo que resumía lo esencial de su estancia y terminó su redacción con ¡y recuerdos al negociero de Joseíco, que lo estará leyendo!
¡Ay, Dios! Joseíco, incomprendido y  perjudicado moralmente por la deslenguada jovenzuela, se dirigió a casa de Marisa y allí expuso a la madre las quejas y motivos que tenía sobre comportamiento de su hija.  Doña Marga, ante tan cándida alma, no pudo más que disimular la risa y, esforzándose por recomponer el gesto, procuró con comprensivas palabras reparar el agravio infligido al cartero. Prometió a Joseíco que reconvendría seriamente a su hija y  le aseguró  que tal comportamiento no se iba a repetir.
Después de aquello, todo siguió igual. La anécdota corrió pero nada alteró la relación condescendiente de las gentes y su cartero.

  

1 comentario:

  1. En mi pueblo no había ningún Joseíco. Pero si quien te escribía se equivocaba en el número o tal vez ni lo ponía, la carta llegaba. Al menos a mí me han llegado cartas así

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