
EL PAIS / MIÉRCOLES, 18 de junio de 1997
Detenida
una pareja que “alquilaba” a su hijo a un pederasta los fines de semana
Hace diecisiete años que esta noticia
saltó a los medios y todavía me sigue estremeciendo. Ahora la víctima debe de
tener veintisiete años y frecuentemente me pregunto qué habrá sido de ella; si
habrá podido superar aquel horror.A propósito de ella, publiqué el
siguiente artículo en el periódico en el que por entonces colaboraba.
CARTA A UN NIÑO
VULNERADO
Querido
niño desconocido:
No
te escribiría esta carta si hoy no te hubieras convertido en titular de
periódicos y telediarios; si una persona anónima no hubiera denunciado tu caso
y el país no se hubiera enterado de la tortura a la que estabas siendo
sometido.
Resulta
difícil aceptar que, durante todo este tiempo de horrores, aparentemente, nada
hacía de ti un niño distinto de los demás, distinto de los niños con los que
ibas al colegio y con quienes jugabas. Resulta difícil, por doloroso, imaginar
qué estaba ocurriendo en ti cuando tus compañeros se sintieran ansiosos por la
llegada del fin de semana, o qué podías contar tú, o inventar para contar, el
lunes, cuando todos los niños comparten lo que han hecho de viernes a domingo. Te
imagino lleno de horror huyendo del recuerdo.
Querido
niño vulnerado: has tenido muy mala suerte en la vida. La vida te ha negado lo
que a todos, salvo a tristes excepciones, como la tuya, les da por natural: el
amor de unos padres. Tú, que eres un ser humano, ni siquiera has tenido la
suerte de los animales, porque en todo orden natural los padres aman a sus
crías; desde los peces, los insectos…, hasta los animales más fieros, todos
aman y protegen a sus crías. A ti, no. Tus padres, esos seres para los que
habría que inventar otra palabra, porque ellos ensucian y desnaturalizan la
palabra padres, no te han querido y
te han despojado del estado más hermoso e irrepetible del hombre: ser niño. Te
han negado el amor y por ello has quedado desprotegido y vulnerado. Han
pisoteado tu dignidad como persona y te han cosificado para venderte como una
mercancía para el uso más abyecto.
Querido
niño: siento una gran pena por ti y dudo si alguna vez este mundo que te ha
tocado vivir podrá recompensarte del oprobio del que has sido víctima; no sé si
alguna vez podrás perdonar a esta sociedad, egoísta e hipócrita, su descuido
irreparable.
Tú,
que tendrías que ilusionarte con una bicicleta para el verano, recelarás y
sospecharás cada vez que alguien quiera hacerte un regalo, porque no entenderás
que se puede hacer un regalo sólo por ver la ilusión encenderse en los ojos de
un niño.
Tú,
que estabas hecho para ser amado y besado por unos padres, ahora difícilmente
comprenderás que a un niño se le acaricia porque el amor es un sentimiento
natural y hermoso y que un niño inspira eso, amor.
Tú,
que eres un ser frágil, tenías derecho a sentirte protegido. Pero ahora que
estás lleno de miedo y confusión tampoco podrás comprender que los brazos de
los padres están para dar seguridad a un hijo.
Querido niño herido: tal vez aún quepa la esperanza de
que un día olvides todo el horror vivido, de que encuentres a personas que te
demuestren que el amor es gratuito y no espera nada a cambio. Pero hay algo, lo
más triste y que la sociedad llevará siempre en su conciencia: que no podrás
recuperar ya la inocencia.
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