domingo, 22 de junio de 2014

CARTA A UN NIÑO VULNERADO







EL PAIS  / MIÉRCOLES, 18 de junio de 1997
Detenida una pareja que “alquilaba” a su hijo a un pederasta los fines de semana
 Hace diecisiete años que esta noticia saltó a los medios y todavía me sigue estremeciendo. Ahora la víctima debe de tener veintisiete años y frecuentemente me pregunto qué habrá sido de ella; si habrá podido superar aquel horror.A propósito de ella, publiqué el siguiente artículo en el periódico en el que por entonces colaboraba.


CARTA A UN NIÑO VULNERADO
Querido niño desconocido:
No te escribiría esta carta si hoy no te hubieras convertido en titular de periódicos y telediarios; si una persona anónima no hubiera denunciado tu caso y el país no se hubiera enterado de la tortura a la que estabas siendo sometido.
Resulta difícil aceptar que, durante todo este tiempo de horrores, aparentemente, nada hacía de ti un niño distinto de los demás, distinto de los niños con los que ibas al colegio y con quienes jugabas. Resulta difícil, por doloroso, imaginar qué estaba ocurriendo en ti cuando tus compañeros se sintieran ansiosos por la llegada del fin de semana, o qué podías contar tú, o inventar para contar, el lunes, cuando todos los niños comparten lo que han hecho de viernes a domingo. Te imagino lleno de horror huyendo del recuerdo.
Querido niño vulnerado: has tenido muy mala suerte en la vida. La vida te ha negado lo que a todos, salvo a tristes excepciones, como la tuya, les da por natural: el amor de unos padres. Tú, que eres un ser humano, ni siquiera has tenido la suerte de los animales, porque en todo orden natural los padres aman a sus crías; desde los peces, los insectos…, hasta los animales más fieros, todos aman y protegen a sus crías. A ti, no. Tus padres, esos seres para los que habría que inventar otra palabra, porque ellos ensucian y desnaturalizan la palabra padres, no te han querido y te han despojado del estado más hermoso e irrepetible del hombre: ser niño. Te han negado el amor y por ello has quedado desprotegido y vulnerado. Han pisoteado tu dignidad como persona y te han cosificado para venderte como una mercancía para el uso más abyecto.
Querido niño: siento una gran pena por ti y dudo si alguna vez este mundo que te ha tocado vivir podrá recompensarte del oprobio del que has sido víctima; no sé si alguna vez podrás perdonar a esta sociedad, egoísta e hipócrita, su descuido irreparable.
Tú, que tendrías que ilusionarte con una bicicleta para el verano, recelarás y sospecharás cada vez que alguien quiera hacerte un regalo, porque no entenderás que se puede hacer un regalo sólo por ver la ilusión encenderse en los ojos de un niño.
Tú, que estabas hecho para ser amado y besado por unos padres, ahora difícilmente comprenderás que a un niño se le acaricia porque el amor es un sentimiento natural y hermoso y que un niño inspira eso, amor.
Tú, que eres un ser frágil, tenías derecho a sentirte protegido. Pero ahora que estás lleno de miedo y confusión tampoco podrás comprender que los brazos de los padres están para dar seguridad a un hijo.
Querido niño herido: tal vez aún quepa la esperanza de que un día olvides todo el horror vivido, de que encuentres a personas que te demuestren que el amor es gratuito y no espera nada a cambio. Pero hay algo, lo más triste y que la sociedad llevará siempre en su conciencia: que no podrás recuperar ya la inocencia.

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