martes, 29 de abril de 2014

MASTER CHEF O LA MALA BABA DE UN JURADO









MASTER CHEF

LA MALA BABA DE UN JURADO




El otro día vi un rato el programa  MASTER CHEF. Concretamente, el tramo final, así que pude ver cómo a la concursante eliminada la despedían hecha polvo; o mejor, despedían los trocitos que quedaban de ella.
Nunca lo había visto anteriormente. No me interesa demasiado la cocina de ingrediente inidentificable sepultado por virutas fucsia; además, me sientan mal las salsas con nata líquida. Pero había oído hablar del programa con ciertos elogios que lo diferenciaban  de otros,  de los llamados concursomorralla por desecho social de tienta.
¡Pues flipé y me indigné! ¿En qué medida? Pues en la medida en que,  por su  contenido, por la naturaleza de los concursantes y por la personalidad del jurado – hoy la gastronomía se disputa el grado siguiente al séptimo arte y sus protagonistas, el reconocimiento de artistas-, esperas que haya un discurso respetuoso y una actuación  cortés.  A la presentadora no la he contado porque su papel conductor estaba completamente anulado y quedaba asimilada al  paquete del atrezzo.
Pues bien, no daba crédito al tono hiriente, a las despectivas recriminaciones y apreciaciones a las que eran sometidos los concursantes que no satisfacían las expectativas de los tres cocinillas que formaban el jurado: Jordi Cruz, el del flequillo Bieber,  Samanta (con th) Vallejo-Nájera, la que posa dejando pasar el AVE entre las piernas, y Pepe Rodríguez Rey que, mirándose en el monitor, se cantaba por lo bajini “marciaaal, tú eres el más grandeee…”
Dicho de otro modo: por mucho mérito que profesionalmente se les reconozca a estos arrogados hautes chef, la chulería, la arrogancia y la prepotencia no les son tolerables bajo ningún concepto; y más, estas actitudes no pueden tener cabida en un programa que pretende dar entretenimiento y además, como servicio público, ejemplo de respeto y educación.
Si alguien me dijera que todo esto es pactado, puro efectismo,  y que los concursantes ya están preparados y de acuerdo para lo que les venga encima, ¡apaga y vámonos! ¡Menudo espectáculo! Pero no lo creo. Por sus caras, los concursantes y, en especial, la concursante eliminada, no parecían fingir; se les veía pasarlo realmente mal. Y allí estaban los miembros del jurado: uno, fustigando verbalmente al concursante; los otros dos, refocilándose y babeando: ¡Sigue, sigue! ¡Dile más! Y la pava de la presentadora, a mí ¡Plim! ¡Dame pan y dime tonta!
En cuanto que el talante personal de estos deja mucho que desear, tanto me dan a mí sus escalopines con coulis de violeta guarnecidos con rábanos con lazo de esparto verde de Abanilla, como la vida sexual de las almejas; tanto me dan las estrellas Michelín que los guían como  las que le colgaron a Periquín en Filipinas.

A mí me han defraudado. Tenía poco interés por la Gault&Millau pero ahora tengo muchísimo menos. 

3 comentarios:

  1. Ojalá todas las personas que como tú aman la lengua, la literatura, la educación y los buenos modales tuvieran más oportunidades de expresarse, sería muy útil para todos. Muchas gracias por compartirlo. Un abrazo

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  2. Muy bueno, jefa, en la diana, como siempre (me ha encantado tu descripción de los "chefs")

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